Fuente: (idealdigital)
20.10.07 -FERMÍN APEZTEGUIA
Madrugada en el hogar de los Aguirre Fernández. La noche templada, aireada por una
suave brisa de otoño, permite al matrimonio dormir a pierna suelta. La quietud, el descanso,
se rompen de repente con un grito agudo procedente de la habitación de al lado.
«¿Mamáaaa! ¿Papáaaaa! Me he hecho pis...». Otra vez ha ocurrido. «¿Tranquilo, que no
pasa nada! ¿Ya voy!», responde uno de sus padres con la voz aún dormida, pegajosa.
El pequeño le espera sobre el colchón, con las piernas arqueadas como un vaquero, convencido tal vez de que en esa posición lograra evitar lo que ya es inevitable. La historia se repite. Otra vez hay que asearle, buscar sábanas limpias, hacer de nuevo la cama. El pequeño lo sabe. No es la primera vez que le pasa y se pone manos a la obra.
Colabora en las tareas de limpieza. Los especialistas afirman que la participación del niño en esta labor es fundamental.
No sólo sirve para inculcarle la idea de que todos en casa deben arrimar el hombro, sino -sobre todo- porque debe tomar conciencia de que tiene un problema de salud; y que para superarlo, el primer paso que debe dar es afrontarlo. «Tiene que ser responsable con su situación», explica el urólogo infantil Francisco Oliver, del hospital vizcaíno de Cruces. «Si se ha meado, debe tirar las sábanas al cesto de la ropa sucia y volver a hacer la cama».
El camino para vencer este problema de salud tan extendido -tanto como que afecta al 10% de los chavales de 5 a 16 años- está en lograr que el pequeño tome parte activa en el proceso. No puede ni debe quedarse al margen. «Yo lo tengo claro», resume el experto. «Sus padres le ayudarán y todo lo que quiera; pero es él quien debe cambiarse el pañal».
Si a los cinco años un menor sigue mojando la cama, ha llegado el momento de que la familia acuda con él al pediatra o al médico de cabecera en busca de ayuda profesional. No hay motivo para agobiar al niño porque lo suyo, que ni siquiera es una enfermedad, normalmente, se supera. Abrumarle no conduce a nada y amenazarle con castigos, menos.
Pero a esa edad, cinco años, el chico tampoco puede quedarse de brazos cruzados, mirando cómo sus padres se afanan en asearle la habitación para poder volver a la suya cuanto antes. «Es posible que le repugne, pero en ese caso, hay que hacerle entender que también a su madre y a su padre puede darles el mismo asco. A fin de cuentas es su pis», señala el especialista.
La enuresis, como se llama este tipo de incontinencia urinaria, es un fenómeno muy extendido y que, sin embargo, genera muy pocas consultas al especialista. La vergüenza y la falta de conocimiento alejan al 80% de los afectados. Hay padres que no soportan la idea de que al llevar a su hijo al médico se descubra también su propio secreto. Hoy se sabe que en esta complicación el factor genético desempeña un papel decisivo. La mayoría de las veces, sin embargo, lo que ocurre es que no saben a quién, ni adónde dirigirse.
El urólogo Francisco Oliver y el sociólogo Javier Noriega presentaron el 'Libro blanco sobre la enuresis monosintomática primaria en España', que es la que no está ligada a una enfermedad de fondo.
Las principales sociedades científicas involucradas en esta complicación han propiciado un amplio estudio entre los pediatras del país para tener una herramienta que les permita definir estrategias. Quieren que en las consultas de Pediatría y Atención Primaria, los médicos pregunten a los padres de los niños por esta cuestión y les ayuden a superarla.
No hay manera de prevenir la enuresis ni existe una vacuna, como la del tétano, que con un pinchazo le proteja a uno del problema. Tampoco se sabe por qué las zonas rurales la padecen más que las urbanas ni por qué cada año un 15% de los casos se van como vienen, se superan solos.
Las causas que lo provocan se conocen mejor. Los escapes de orina durante el sueño se producen por motivos genéticos, un retraso madurativo en el control de la micción, por la baja producción de una hormona llamada antidiurética que ayuda a regularla, por un mal entrenamiento en el uso del baño...
Los tratamientos actuales combinan el uso de fármacos con la adopción de medidas higiénicas dirigidas a que el tratamiento sea lo menos agresivo posible. La terapia busca que el menor se acostumbre a orinar antes de ir a la cama, se convenza de que puede conseguirlo; y utiliza herramientas como premiarles la consecución de diez días de sábanas limpias con pequeños obsequios, como un tebeo o una tarde de cine.
El porcentaje de éxito es muy elevado, superior al 70%, pero requiere dos condiciones: el compromiso del afectado y de su familia, por un lado; y el convencimiento de que la enuresis no es una tragedia, pero puede serlo. Los niños con edades entre 8 y 16 años la ven como el tercer acontecimiento más traumático que pueden vivir tras el divorcio de sus padres o las peleas entre la pareja.